Puedes estar depresivo y no saberlo, síntomas depresivos

En cualquier depresión existe el riesgo de suicidio, pero entre las dos formas de depresión reactiva y endógena existen diferencias: en la reactiva el periodo más peligroso es al principio de la depresión, mientras que en la endógena el peligro aumenta a medida que la enfermedad persiste.

El estado de ánimo depresivo es de un claro pesimismo que provoca amargura, desesperanza y tristeza profunda. Se pierde la alegría y el placer de vivir, y la falta de estímulos hace su aparición en forma de aburrimiento, apatía, falta de concentración.

En esta situación surgen las obsesiones y se abandonan las actividades que normalmente nos producían placer de vivir. Los estados de ánimo depresivos tienden a la incomunicación. Se producen grandes dificultades para comunicarnos y escuchar a los demás. La desconfianza, la sensación de soledad o de aislamiento y los brotes de mal humor son producto de estado de ánimo depresivo.

El ambiente familiar, normalmente, el ambiente que rodea al depresivo no comprende los estados de sufrimiento que se padecen y se le subestima e ignora en muchos momentos; sin embargo, la familia tendría que colaborar para prestar una ayuda eficaz.

El esfuerzo solidario por parte de todos, estimulándole a través de la esperanza y el cariño, es fundamental, pues estos estímulos ayudan a mantener una relación de confianza y vínculo familiar que disuelven los posibles pensamientos y deseos de morir.

La depresión reactiva crónica necesita ayuda médica y cuanto antes se inicie algún tipo de terapia, menos grave será el episodio y más rápida será la recuperación. El sosiego y la tranquilidad dan paso a la alegría y a la actividad normal.

Si eres capaz de tranquilizarte por dentro y logras que disminuyan tus pensamientos y emociones desbocadas, volverás a la normalidad y a la ilusión por vivir.

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